10.6.16

Los cuerpos que suceden.



Hace un segundo todo
acaba de suceder todo
sigue su curso y en un
micro segundo acaba.

Los cíclicos estados del aire
la renovación constante
de la tierra
La anatomía poética
de los versos del cuerpo
y los cuerpos que hacen poesía
el hecho político de la sangre
y la carne los
huesos la saliva
sobre la saliva.

El temblor del latido
un segundo
que terminó
hace un segundo.

Hace un segundo todo
acaba de suceder.




30.5.16

Los versos de la soledad. (Canción para el final de un wéstern)




Indicaciones:
La cámara debe alejarse, abriendo el plano, hasta que el atardecer sea un incendio sobre el Misisipi. O sobre el Paraná.





Conozco los versos de la soledad
son esos que llegan a deshoras
rengos, a contratiempo
rompiendo a cada rato
la armónica dicotomía
de sístole y de diástole
torcidos y distorsionados
como si sangraran
de alcoholes pendencieros
como una cucaracha entre las bolsas de plástico
como un moretón desconocido
un accidente ferroviario
un animal muerto enterrado en el barro
un lejano fenómeno de la física
un panal de abejas incendiado
una mañana de sol en la memoria.

Una casa atravesada
de balazos
y la luz colándose
por los agujeros perfectos
y redondos
que dejó el plomo.



13.5.16

Benzodiazepina blues.


Los siguientes versos me fueron dictados en silencio por unas voces rasposas y tiernas, una noche del verano pasado, entre discos y vinos. Después se fueron apagando, despacito, hasta desaparecer en el tiempo.



“Se muere escuchando el noticiero
donde cuentan cómo le dan caza…”
Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota

Te hiponotizan te duermen
te requisan te divisan te dividen
te desconectan-conectan-desconectan
ahora te prendo ahora te apago
te acarician te soportan te mantienen
te sedientan te maltrechan te sostienen
te ofertan te venden te saturan
te investigan te manipulan te vigilan
te compran te destruyen
te salvan te construyen
te nublan te envuelven te burlan
te mienten te ocultan te ignoran
te suspenden te desgastan te aniquilan
te seducen te desprecian te culpan
te absuelven te alquilan te desnutren
te mambean te levantan te actualizan
te descargan te transfieren
te borran te implantan te rehacen
te dejan huellas
te buscan y te encuentran.
Te necesitan.


10.5.16

Cicatrices.

"Un amigo me dice
que los poetas
tenemos una rara condición:
como los moretones
aparecemos después de los golpes."
Estela Figueroa.

Todas las cosas un límite
y no el cielo, ya no
pero si el dolor
si tuviéramos, y que no vuelva
un alma, podríamos
atarla a un par, y que no vuelva 
de negros pájaros 
pero es tanta la tierra
y todo lo que llora en los terrones.
Todas las cosas un límite
uno mismo las 
cicatrices y ya tan 
chiquito el corazón. 


24.4.16

La cura.




Huele a té negro la casa
a limón, miel, canela
mirra, palosanto y albahaca
afuera el pueblo
reposa tendido y gris su siesta.
Teníamos un jardín…
¿Teníamos un jardín?
Si fuese tan fácil
como a esta casa
curar a este país
con especias y tibieza
pero es oscuro el futuro
y la fiebre
no da tregua en la batalla.

Hace un tiempo ya
se dio a la fuga la ternura
recuerdo cómo le brillaban los ojos
entre el verde de los sauces de febrero
y después
de repente
el vacío.
Si fuese tan fácil
curar la ausencia
con aromas y visitas
pero son épocas de resistir
y esperar que afloje
el temporal baje
la fiebre, despierte
este país y a lo mejor,
entre esas cosas
regrese la ternura.





18.4.16

Hace dieciocho días que llueve.



Podría olvidarme de todo 
dejar para otras horas las quejas
poner un disco de tango
preparar café
y dedicarme a mirarte
como ese día
del otro lado del vidrio
tus ojos claritos contra todo lo gris.

Y no prestarle atención a las canaletas
y su ruido de brujas
a este otoño maldito
que no detiene
su derrotero de agua, penuria
y pájaros mudos de miedo.

Podría olvidarme de todo
soñar con frescos
días soleados que nos devuelvan
la fe y el olor a limpio
de la ropa colgada en el patio
y tal vez
dedicarme a quererte
o solamente
a mirarte pero hace
dieciocho 
días que llueve
y uno va perdiendo las esperanzas.





11.4.16

Hace diez días que llueve.


Hace diez días que llueve
todos somos
un poco
Isabel viendo llover en Macondo
y también
los bichitos de la humedad
que se comen los recuerdos
y las patas de madera
de la mesa de la galería
y los teros gritones
y las gotas diminutas
que resbalan apenas
por los bordes de las celosías.

Hace diez días que llueve
y nadie viene a salvarnos
la ropa mojada en la soga del patio
los caracoles, los sapos
los perros con las patas
llenas de barro
saben más que nosotros
del futuro.

Y a la noche el techo de chapa
bajito canta
su canción llorada.

El fondo de todo es el silencio.
Somos también
nosotros
el tiempo que nos transcurre.