7.9.16

Oficio de hilar.



Hilar palabras
tuberías ceremonias aromas
especiados que transitan
la mañana trashumarlos
en formas de viento o de canción.

Unir con tinta
azul oscura los
lunares de los cuerpos al sol
formando mapas territorios
nuevos desconocidos habitables.

Amar siempre incluso
en la muerte inevitable aún
después del olvido y cuando llega
la noche con la sangre
y el vino entregar
estos versos mínimos a la tierra.

31.8.16

Vidalita del Brasil.



Brasil decime que se siente
¡Vidalitay!
que te hayan caído
sesenta y un monstruos
con tentáculos
de pantallas y titulares.

Hermano Brasil cómo nos duele
¡Vidalitay!
tu dolor agudo
el desamparo de tus
colgantes favelas donde
crecen el hambre
la belleza y los feroces
laterales izquierdos.
Porque todos los pueblos
son un pueblo
hermano Brasil
no me cuentes, yo lo siento.

El eco de los vencidos va recorriendo
un continente neo colonizado
y en el profundo estremecimiento
de tus selvas, tus montañas
tus playas, tus
bestias de sangre se presiente
la  tristeza. ¡Vidalitay!

Y tal vez esta noche cuando
salga la luna ¡Vidalitay!
la serpiente de agua que
te recorre llore
el llanto de tu pueblo
que es el llanto de todos los pueblos.

¡Vidalitay!



8.8.16

La visita.




Cuando pasa por la puerta
su sonrisa es el lazo
embravecido de la tarde girando
como gira el universo y espantando
con su giro fraternal a los fantasmas.

El sol entonces une
con la amistad su fuego incomparable
de tibieza y son pájaros libres los minutos
que transcurren como luz
en las veredas.

El duende del alcohol ronda la casa
por la ventana entra junto con la tarde
las canciones y el vino fuerzan a que huyan
al oscuro territorio del olvido
las tristezas.




A Virginia Volken.

A veces pasa que...



La luz que flota oblicua
en los límites del día nos devuelve
feroz al plano de estar
vivos y los dolientes
clavos de la tarde tararean serenatas
que amaderan el sabor del olvido.

Fortalezas de brazos y estentóreas
carcajadas  que son más que un anuncio
de la forma estival, una promesa.

El fuego es un milagro desatado
la noche paz en la tormenta
el vino cicatriz dentro del pecho
el sol una esperanza. Su sonrisa
nada menos
que un buen recuerdo.


5.7.16

Estos días del invierno.


Andando tal vez
por estas sombras el
día de grises agradezca
el sol que está saliendo
en otra parte del mundo

¿Cómo hacer si no podemos
nombrar nuestro llanto?
¿Cómo ver
la esperanza la
ternura diaria
la fe?

De tu corazón sé
que el viento sur
le dejó aromas de
distancia y miel
de tardes con molinos
pájaros
y vida de árbol.

Un sueño se acuna
tal vez veamos
el futuro crecer.
Entre los cables y el
cemento vos
en el camino que va
a la vieja fábrica
yo.

Nos quieren matar
de miedo y soledad.




10.6.16

Los cuerpos que suceden.



Hace un segundo todo
acaba de suceder todo
sigue su curso y en un
micro segundo acaba.

Los cíclicos estados del aire
la renovación constante
de la tierra
La anatomía poética
de los versos del cuerpo
y los cuerpos que hacen poesía
el hecho político de la sangre
y la carne los
huesos la saliva
sobre la saliva.

El temblor del latido
un segundo
que terminó
hace un segundo.

Hace un segundo todo
acaba de suceder.




30.5.16

Los versos de la soledad. (Canción para el final de un wéstern)




Indicaciones:
La cámara debe alejarse, abriendo el plano, hasta que el atardecer sea un incendio sobre el Misisipi. O sobre el Paraná.





Conozco los versos de la soledad
son esos que llegan a deshoras
rengos, a contratiempo
rompiendo a cada rato
la armónica dicotomía
de sístole y de diástole
torcidos y distorsionados
como si sangraran
de alcoholes pendencieros
como una cucaracha entre las bolsas de plástico
como un moretón desconocido
un accidente ferroviario
un animal muerto enterrado en el barro
un lejano fenómeno de la física
un panal de abejas incendiado
una mañana de sol en la memoria.

Una casa atravesada
de balazos
y la luz colándose
por los agujeros perfectos
y redondos
que dejó el plomo.